Desde Iowa
Sandra Sánchez
Dice el dicho que nadie es profeta en su propia tierra. De esto se dio cuenta Guadalupe Gallardo, durante su visita a Washington, D.C., mientras atendía una conferencia nacional y hacía una visita al Congreso para presionar por la aprobación de una reforma migratoria integral y justa.
“Me hubiera gustado que Alex Orozco, u otro de los líderes, hubiera estado ahí para hablar. Se notaba que algunos de los presentes eran buenísimos para movilizar a la gente, pero les faltaba eso que ustedes llaman análisis político”, dijo Guadalupe, miembro de la mesa directiva de Unidos por la Dignidad y Seguridad de los Inmigrantes (UDSI) de Iowa.
La UDSI ha estado recibiendo asistencia técnica de Alex Orozco, un activista voluntario, y del programa Voz de los Inmigrantes del Comité de los Amigos Americanos, una organización sin fines de lucro que apoya a los migrantes. Pero, toma años de trabajo y capacitación lograr que un líder migrante alcance el grado de conocimiento y análisis político necesarios para sentirse cómodo hablando con sus congresistas de igual a igual.
“Aprendí muchísimo y tengo mucho que compartir con mis compañeros. Traigo una agenda de trabajo para cinco meses. Pero tengo miedo de que no podamos cumplir con todo ahora que líderes como Alex no estarán tan involucrados en el trabajo de los próximos meses,” puntualizó Gallardo.
Guadalupe, como muchos otros migrantes que recientemente se han incorporado al trabajo de otros activistas por los derechos de los migrantes, a menudo se siente intimidada o agobiada ante la tarea que tiene por delante en su lucha por lograr una reforma migratoria. Sin embargo, migrantes como ella tienen algo que pocos activistas pueden ofrecer: la experiencia personal de lo duro que es vivir como migrante en Estados Unidos y la esperanza por lograr un trato justo al alcanzar la añorada condición legal.
En la conferencia se identificó como uno de los principales retos de cualquier organización migrante, formal o informal, el poder sostenerse a largo plazo. En el pasado, fundaciones o entidades gubernamentales les otorgaban fondos. Pero en la actualidad, esos fondos son cada vez más escasos, debido, quizá, al actual sentimiento antimigrante.
“Nosotros estamos conscientes de que esto va para largo y los fondos para sostener el trabajo tienen que salir de la propia población migrante. Seguimos educando a nuestra gente sobre esa dura realidad. Nadie nos va a dar esos fondos si, para empezar, no quieren que nos quedemos aquí. Somos nosotros los que tenemos que financiar nuestra lucha.” Señaló atinadamente Orozco.
Las constantes redadas, las exigencias laborales y la vida diaria, hacen más y más difícil el trabajo en favor de los migrantes. No obstante, el respeto por la dignidad humana y el amor por la familia, conminan a estos líderes a seguir adelante. Puede que sean nuevos en el trabajo, pero son muy fuertes en sus convicciones. Y eso es lo que cuenta si se desea alcanzar el éxito.
Publicado en MX Sin Fronteras 39, marzo de 2007.