Migración y derechos humanos
Mauricio Farah Gebara
Dos iniciativas encabezan ahora los intentos por consumar una reforma migratoria en Estados Unidos: la de los representantes Luis Gutiérrez y Jeff Flake, y la del presidente George Bush.
Entre ellas existen convergencias y divergencias, por supuesto, pero llama la atención una coincidencia por ausencia: ninguna de ellas menciona una forma de contribuir al desarrollo de las regiones expulsoras, es decir, no existe una iniciativa formal que se pronuncie por un compromiso de cooperación para el desarrollo.
El mensaje es claro: la intención es contener, perseguir, castigar y si acaso regularizar a los migrantes, pero no enfrentar las causas que los obligan a emigrar.
Se sabe que la migración es resultado de la doble necesidad, tanto de los trabajadores en busca de empleo como de los empleadores en busca de trabajadores. Por más que existan otros factores, no hay duda de que éste es el determinante. Aparentemente, sin embargo, saberlo no lleva a Estados Unidos, y hasta ahora tampoco a México, a promover acuerdos de cooperación para generar oportunidades de desarrollo para los potenciales migrantes en sus lugares de origen.
En lugar de ello, se proponen soluciones remediales que nunca serán suficientes, abren espacios para la recurrencia de abusos y siguen dejando a los migrantes irregulares a la sombra de la clandestinidad.
Así, las soluciones propuestas siguen limitándose a vertientes ya exploradas, necesarias quizá, pero siempre incompletas mientras no se emprendan verdaderas acciones que disminuyan la necesidad de la migración.
Con respecto a las propuestas de programas de trabajadores temporales, la de los congresistas contiene elementos de avance. Por ejemplo, que los trabajadores no estén forzosamente vinculados a un solo empleador y que exista flexibilidad para que puedan cambiar de empleo. Ésta es una diferencia de fondo con respecto a la del presidente Bush, que parece repetir esquemas ya probados y que son propicios para la explotación de los trabajadores.
En cuanto a la regularización de los migrantes que ya se encuentran allá, la propuesta del presidente Bush es inviable desde el punto de vista económico y de tiempo. Para que un migrantes pueda emprender este proceso tiene que pagar al menos 15 mil dólares, lo que representa alrededor de 60 por ciento del ingreso promedio anual de un trabajador migrante.
Además deberá esperar varios años, incluso una década según han calculado diversos analistas, dada la prioridad que se daría a quienes han iniciado su solicitud de residencia con anterioridad, y dado que no se ha considerado la posibilidad de que ambos procesos se tramiten en ventanillas diferentes, es decir, que se ejecuten paralelamente. La idea es inviable, a menos que se trate de que el presidente Bush desee que se le recuerde por haber anunciado la solución. Pero hay una gran diferencia entre anunciarla y alcanzarla.
En todo caso, la reforma migratoria no podrá atender y resolver el fenómeno migratorio en tanto no se emprendan acciones bilaterales o multilaterales para reducir sus causas. Se siguen utilizando remedios.
Publicado en MX Sin Fronteras 41, mayo de 2007.