Entrevista
Adolfo Laborde Carranco
Desde hace mucho tiempo quería entrevistar a Primitivo Rodríguez Oceguera. Por una razón u otra, nunca habíamos podido coincidir. O estaba de viaje, o bien, se encontraba en medio del activismo político en los pasillos de la Cámara de Diputados, el Senado o en alguna secretaría de Estado vinculada con el fenómeno migratorio de los mexicanos en Estados Unidos. Finalmente llegó el momento. Le llamé a su casa y, como regularmente pasa, no estaba. Dejé recado. Pensé que tendría que dejar la entrevista para otra ocasión, pero al cabo de un par de horas, recibí su llamada. Finalmente nos encontrábamos en un pintoresco café de Coyoacán, en la Ciudad de México. Si realmente queremos escuchar ideas y planteamientos serios sobre el fenómeno migratorio de los mexicanos en Estados Unidos, Primitivo Rodríguez es una de las personas indicadas.
¿Primitivo, de dónde surge tu interés por el fenómeno migratorio?
Bueno, pues es una larga historia, pero básicamente te comnento que soy originario de un pueblo con migración centenaria hacia Estados Unidos. El pueblo en donde nací y en que viví hasta los 12 años es Ixtlán de los Hervores, Michoacán. Ahí, desde muy pequeño viví la migración con los parientes que se iban de braceros y que regresaban, en ocasiones, con hijos de mi edad nacidos por allá. Luego, como muchos de mis paisanos me metí a la aventura migratoria. Trabajé en 1965 y en 1967 como indocumentado en Nueva Jersey, la primera vez con afroamericanos, y la segunda, con puertorriqueños.
¿Primitivo, qué evento marcó definitivamente tu inmersión total en esto?
Sin lugar a duda, el evento que marcó mi vida fue mi experiencia como activista comunitario de 1966 a 1971 en una organización vinculada a la iglesia Católica. Paralelamente comencé con mis estudios de doctorado en Historia en el Colegio de México en donde aprendí que las cosas en esta vida tienen otra tonalidad y significado cuando se les compara o se tiene un marco de referencia. Esa fue la gran enseñanza del Colegio: aprender historia comparada. Con el fin de consolidar mis estudios doctorales, tuve la oportunidad de estudiar en la Universidad de Chicago. Mi idea era regresar a México tan pronto terminará, pero no fue así. De hecho, la Universidad Nacional Autónoma de México, me ofreció dirigir un centro de investigación sobre temas relacionados con Estados Unidos; nunca regresé y el mando pasó a manos de otra persona. Simple y sencillamente quería quedarme a aprender de forma práctica los que en teoría quería conocer: cómo funcionan desde abajo y en sus grupos de poder la sociedad y el gobierno de Estados Unidos, particularmente en relación a las comunidades latinas, y en especial, a la mexicana.
¿Cómo afectó vida personal y profesional está decisión?
Fue una excelente oportunidad de aprender la realidad; de conocer y experimentar en carne propia los efectos del fenómeno migratorio en Estados Unidos. Gracias a esta decisión tuve la oportunidad de estar presente en la grilla verdadera en los círculos de poder en Washington. Me encontré en el camino con mucha gente valiosa que al paso de tiempo se convirtieron en mis maestros. De esta forma, además, conocí por dentro el funcionamiento de las nacientes organizaciones no gubernamentales.
¿Primitivo, hablando de las organizaciones no gubernamentales (ONG), que nos puedes decir sobre ellas?
Te puedo comentar sobre la que yo conozco y en la que participé. De 1983 a 1995 trabajé para American Friends Service Committee o AFSC, como se conoce. Dirigí por diez años el Programa de la Frontera México-Estados Unidos. El programa tenía dos componentes, promover los derechos laborales de las trabajadoras mexicanas en las maquiladoras instaladas en la frontera con México, y monitorear los abusos contra migrantes en esa región. Otro aspecto favorable de esa experiencia fue la relación con los sindicatos y el cabildeo en Washington. Para ello, no quiero dejar de reconocer mi aprendizaje en el arte del cabildeo con el activista mexicoestadunidense Arnoldo Torres. Él sí que sabía cabildear. Literalmente era un perro. No dejaba ir a nadie sin antes ser escuchado. Arnoldo fue mi maestro en el cabildeo.
¿Cómo te sirvieron las enseñanzas de Arnoldo Torres en tu labor comunitaria?
Pues mira, en valorar la importancia de la organización y movilización de la comunidad mexicana para defender sus intereses, entre otras formas, realizando trabajo de cabildeo a nivel local y nacional. Por su número, distribución geográfica, presencia social e importancia económica, la comunidad mexicana inició claramente en los años 80 del siglo pasado su entrada a la política estadunidense, a la interna y a la internacional. Seguimos compartiendo causas fundamentales con la comunidad chicana, con otras comunidades, con los trabajadores de Estados Unidos, pero aprendimos también que necesitábamos tener nuestra propia agenda. Así durante la década de los 80 participamos de alguna forma en el problema de la renegociación de la deuda externa de México. Tiempo más tarde, nuestra participación también fue necesaria en el cabildeo con los sindicatos y otros actores durante las negociaciones del Tratado de Libre Comercio de Norteamérica (TLCAN). Paralelamente, en esos tiempos se incrementó como nunca antes la relación con México, tanto en el campo de migración, como en el trato con Estados Unidos. Por otra parte, en términos personales, una de mis mejores experiencias en Estados Unidos fue entrar en contacto con la comunidad aforoamericana, por ejemplo, en la elección de Harold Washington para alcalde de Chicago, en la campaña del reverendo Jesse Jackson para la nominación del Partido Demócrata a la Presidencia del país, y sobre todo, a través de cuatro delegaciones afroamericanas que como parte de mi trabajo en AFSC traje a México con apoyo de la Fundación Mac Arthur. El resultado de esto creo, fue un mayor entendimiento entre esta comunidad y México. Lamentablemente no se dio seguimiento a esas delegaciones. Tengo entendido que hoy en día se está retomando el tema, entre otras razones por la creciente cooperación entre la comunidad latina y la afroamericana en Estados Unidos.
¿Qué opinión tienes de los proyectos de reforma migratoria que se han presentado en Estados Unidos?
Es una pregunta difícil. Pienso y estoy convencido de que hay que sumar y no restar. Sé que cada grupo defiende sus intereses y posturas, pero hay un aspecto fundamental que los migrantes demandan: la legalización. Este es un aspecto básico que toda propuesta, quien quiera que sea el padre, deberá contemplar. La legalización es la demanda de la comunidad mexicana y de los millones de migrantes que marcharon el año pasado. Por lo mismo, es una gran victoria del movimiento el que la propuesta de ley de los representantes Luis Gutiérrez y Jeff Flake contengan la legalización y que el propio presidente George W. Bush esté ahora a favor de ella. Eso hay que reconocerlo como un triunfo de los migrantes, y a la vez, hacer un cabildeo eficaz, creativo, para lograr que las propuestas de legalización sean justas, amplias, factibles. Una legalización que beneficie a todos los indocumentados, y también, que sea lo mejor para Estados Unidos. Mejor para Estados Unidos que cualquier propuesta contra la legalización que promueven los grupos antimigrantes. Nuestra responsabilidad es modificar las propuestas de legalización, pero reconociendo como gran adelanto que legisladores y la Casa Blanca estén ahora a favor de la misma.
Finalmente, ¿cuál crees que sea la situación actual de nuestra comunidad en el otro lado?
Mira, cada día me convenzo más que nuestros compatriotas son ya actores activos social y políticamente. Así se demostró en el proceso de la aprobación del voto de los mexicanos en el extranjero. Tenemos que tomar esta valiosa experiencia y seguir con el movimiento. Llegó la hora de que la comunidad mexicana en Estados Unidos tenga una identidad y voz propicia en Estados Unidos, en México, y también directamente en el trabajo de cabildeo en Washington. De ninguna manera estoy negando y restando importancia el papel que juegan las organizaciones mexicoestadunidenses que tradicionalmente han sido las interlocutoras de nuestros intereses, pero ya tenemos las condiciones para establecer nuestra propia agenda. Necesitamos un proyecto propio que defienda los intereses de la comunidad migrante mexicana ante los actores políticos en Estados Unidos y en México. Como veo las cosas, esto ya comenzó y nada lo parará.
Publicado en MX Sin Fronteras 41, mayo de 2007.