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Aquí Los Ángeles

La incansable lucha de los migrantes

Rafael H. Buitrago

 

El jueves 17 de mayo, los manifestantes a favor de los migrantes volvieron a las calles, concretamente al Parque McArthur, de Los Ángeles, en donde el martes 1 de mayo fueron atropellados por energúmenos agentes del Departamento de Policía de Los Ángeles (LAPD).

Fue una manifestación vespertina, no muy numerosa, pero cargada de significado; de insistencia en las demandas de las marchas del año pasado, y de las de este año; de activa esperanza; y de incansable reto a la torpeza de un sistema político incapaz de reconocer y resolver sus problemas sociales.

La marcha coincidió con el anuncio en Washington de un acuerdo entre prominentes senadores y la Casa Blanca para una reforma profunda de la política sobre migración. Fue una coincidencia ciertamente significativa.

La intención de la marcha, según lo declararon sus organizadores a los medios, era ratificar el derecho de los migrantes a expresarse, tan violentamente socavado por el brutal asalto de los policías contra la marcha del 1 de mayo; que a su vez era conmemorativa de la gran manifestación del 1 de mayo de 2006.

La marcha del 17 fue como una catarsis, para tirios y troyanos.

Los manifestantes se pronunciaron, enarbolando banderas estadunidenses y latinoamericanas, exentos de restricciones y temores. El LAPD se portó como una entidad civilizada. Los policías se abstuvieron de abrumar a los manifestantes con su parafernalia militarista, se mantuvieron a discreta aunque vigilante distancia y distribuyeron panfletos amistosos. Se portaron más como boy scouts, que como los gángsteres uniformados, parapetados tras leyes traicionadas, de dos semanas antes.

Entre tanto, en medio de gran pompa y circunstancia, Washington producía un complicado acuerdo entre un grupo bipartidista del Senado y la administración Bush, acerca de un tortuoso proyecto de legislación migratoria.

El ímpetu de la vespertina jornada de vehemencia migrante del 17 de mayo en Los Ángeles fue un buen ejercicio para las luchas que vienen, sobre todo contra la confusión y la ambigüedad creada por las nuevas nociones proferidas por la propuesta de migración bipartidista. Es cierto que aunque intrincada, solapadamente vengativa, y no exenta de ciertos toques de sadismo antimigrante, la propuesta de lenta y costosa legitimación puede parecer mejor de lo que existe actualmente. Puede que sea una ruta miserable hacia la legalización, pero es una ruta al fin y al cabo.

Pero miserable y humillante ciertamente lo es. En la citada iniciativa bipartidista, cada cosa que se otorga es recobrada con creces. Es la consecuencia de tratar de hacer el bien y el mal al mismo tiempo. El mal acaba siempre por predominar en esas inicuas hibridaciones de la ética. Los muy escasos políticos con buenas intenciones, como el senador demócrata Edward Kennedy, concilian con la intransigencia del rencor antimigrante, por tanto tiempo fomentado, instigado y explotado con fines electorales por republicanos y demócratas.

No se ha logrado nada positivo, los manifestantes tendrán que seguir saturando las calles de Los Ángeles con sus exigencias de justicia.

 

Publicado en MX Sin Fronteras 42, junio de 2007.