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La vida en el norte

VI. Paso del Norte, puerta de entrada

Jorge Durand y Patricia Arias

 

Pocas poblaciones pueden justificar su nombre a lo largo de tanto tiempo como El Paso. Justo allí, el Río Grande serpentea y forma un valle fértil entre montañas abruptas y mesetas áridas, lo que hizo que desde la época colonial los españoles apreciaran el lugar y establecieran un asentamiento que primero fue misión y poco después también presidio.

Siglos más tarde, la Southern Pacific reforzó ese paso cuando decidió que la vía del ferrocarril Los Angeles-San Antonio atravesara exactamente por allí. No fue la única. En la década de 1880 confluyeron en El Paso los trenes de cuatro grandes compañías que febrilmente tejían la tupida red ferrocarrilera que vinculaba, por fin, todos los puntos cardinales de la geografía estadunidense.

Tal confluencia de vías en El Paso impulsó otra, la que venía del sur. En 1884 la estación Paso del Norte, Chihuahua, recibió al primer tren del Ferrocarril Central Mexicano que estrenó la conexión entre la ciudad de México y la frontera norte. Allí los vagones mexicanos podían engancharse a los ferrocarriles de Atchinson-Topeka-Santa Fe, Southern Pacific, Texas-Pacific y Galveston-Harrisburg-San Antonio. En 1888 la población de Paso del Norte recibió el título de ciudad y el nombre de Ciudad Juárez y el viejísimo nombre de El Paso se quedó en Texas.

La convergencia de las redes ferrocarrileras estadunidenses y mexicana en el estado de Chihuahua parecería haber desplazado hacia el centro el dinamismo de la comunicación fronteriza que anteriormente se realizaba a través de poblaciones de los estados de Coahuila y Tamaulipas: Ciudad Acuña y Piedras Negras, Nuevo Laredo, Camargo, Reynosa y Matamoros. En 1904, cuando Estados Unidos empezó a llevar un registro del movimiento de pasajeros por tierra, se supo que por Eagle Pass habían ingresado 340 personas y otras 481 lo habían hecho por El Paso.

Ciudad Juárez y su contraparte del otro lado cumplieron las expectativas de ambos países. El Paso se desarrolló como un centro ferroviario, industrial y distribuidor clave que la convirtieron en "la reina de las ciudades del suroeste...". Ciudad Juárez no se quedó atrás. Muy pronto llegó a ser un centro comercial de primer orden para el tráfico de productos, sobre todo agrícolas y ganaderos, entre los dos lados de la frontera. Por una u otra cosa, ambas poblaciones se convirtieron también en tierra de acogida o lugar de paso para las primeras oleadas de migrantes a Estados Unidos. El Paso fue el Ellis Island de los migrantes que llegaron del sur.

De hecho, hasta la década de 1930, esa ciudad fue el centro indiscutible de contratación de trabajadores baratos para la economía estadunidense. Por allí cruzaban la frontera sin mayor problema los candidatos a migrantes que rápidamente eran reconocidos y reclutados por los enganchadores que los enviaban sobre todo a las granjas; más tarde también a las fundidoras, minas y ciudades del suroeste. Por allí pasaban también los migrantes de regreso, los que buscaban reengancharse. El Paso fue un lugar inolvidable de encuentros y desencuentros.

Para conjurar el olvido, los que pasaban por allí solían aprovechar la ocasión para fotografiarse y enviar su efigie a parientes y amores del terruño. Hacerlo era una auténtica creación de sí mismos: muy bien arreglados, en ocasiones con ropa rentada, se tomaban varias fotografías en una misma sesión, aunque en distinta pose para enviarlas a los familiares sin que se repitieran demasiado. Son fotos de estudio tomadas en interiores escenográficos: nada de mostrar las penurias del trabajo, ni permitir que el rostro trasluzca la tristeza de la ausencia. Por el contrario. Había que lucir lo mejor posible: ropa moderna, bien peinados y rasurados, seguros y contentos; la viva imagen del migrante exitoso.

Así, entre los que iban y venían, Ciudad Juárez con sus 8 mil 218 habitantes era, a la vuelta del siglo XIX-XX, la principal población fronteriza de México. En 1910, cuando apenas comenzaba a insinuarse la revolución, El Paso y Ciudad Juárez reunían a más de veinte mil mexicanos --22 mil 918 para ser exactos--, de los cuales, 10 mil 621 se ubicaban en Ciudad Juárez y 12 mil 297 en El Paso. Una década más tarde esa cifra se duplicó: 50 mil 46 mexicanos en ambas poblaciones. Pero no sólo eso. Como secuela de la Revolución se modificó la proporción en uno y otro lado: en 1920 había 19 mil 457 habitantes en Ciudad Juárez y 30 mil 589 mexicanos en El Paso. El Paso se había convertido en tierra de exilio político tanto para familias favorecidas por el falleciente régimen porfirista, como para los hombres de la revolución que desde allí podían dar o recibir apoyo de México.

 

Publicado en MX Sin Fronteras 42, junio de 2007.