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Indígenas mexicanos
discriminados en Taboro

Paola Andrea Jaramillo

 

Como la mayoría de latinos que abandonan sus países en busca de un futuro prometedor, María Gabriel, su esposo Juan y sus dos pequeños Felipe y Ángel dejaron en las tierras de Oaxaca a sus padres, abuelos y hermanos. Atravesaron la frontera en 1994 trayendo como equipaje una vida llena de costumbres y necesidades. Sacrificios que pensaron menguarían al llegar al norte y costumbres que perdurarían en las generaciones. Sin embargo para ellos y para cientos de los más de 13 mil indígenas mexicanos que viven en Carolina del Norte la realidad ha sido cruda.

María y su familia, llegaron al estado de la Florida y los problemas no se hicieron esperar. Discriminación, malos tratos y bajos salarios fue lo que les dejó trabajar algunos meses en tierras sureñas. Pero los chicos crecían y las necesidades eran evidentes, por ello, en 1995 escucharon que en Tarboro, una población agrícola y tranquila ubicada al oeste de Raleigh, una fábrica necesitaba mano de obra y no dudaron en mudarse. Y aunque su vida ha cambiado positivamente, el choque cultural y la aceptación los llevó a dejar a un lado su dialecto y costumbres. “En México vivíamos en la zona mixteca, trabajábamos en el campo y mis padres aún lo hacen. Cultivan maíz. La vida es difícil en México y lo que pagan por trabajar la tierra no alcanza para nada. Decidimos venirnos pero llegamos a trabajar en la agricultura y nos topamos con mejores salarios si se comparan con los de allá, pero una vida indigna llena de explotación y discriminación de la propia raza. Las condiciones de vivienda eran terribles” comentó María.

La discriminación empieza en casa
“Al llegar a Carolina del Norte empezamos a trabajar en fábricas y allí seguimos”. Sin embargo se encontraron otras dos barreras: el idioma inglés y la adaptación de sus hijos a la escuela. “Nosotros no tuvimos el problema de ser discriminados por no hablar aunque sea el español” pues según María, la discriminación empezó en México “a mi no se me olvida cuando sabíamos solo mixteco se burlaban de nosotros en la escuela, por ello aprendimos español desde pequeños y eso hizo que cuando llegáramos aquí no enseñáramos el dialecto a nuestros hijos. Además en ese entonces no había muchos latinos y ellos trataban de aprender inglés rápidamente”. Hecho que ha sido recriminado por su hijo Felipe a quien le hubiese gustado aprender el mixteco. “Yo no quería que sintieran lo que yo sentí, sin embargo me arrepiento”.

Miles sufren por el idioma
Pero aunque la familia de María no vivió el problema en carne propia si fue testigo de decenas de como familias provenientes de California o directamente de México eran discriminados por no hablar ni español y mucho menos inglés “No podían ni rentar un cuarto. Era muy duro y triste”.

Sobre este punto Juvencio Rocha, presidente de la Asociación de Mexicanos de Carolina del Norte está totalmente de acuerdo, y añade, “el sacrificio es el doble tanto a nivel social, como laboral y económico. Los empleadores del campo se aprovechan y les pagan una miseria y las entidades gubernamentales no tienen intérpretes. Se limitan mucho las actividades y recursos existentes son casi son nulos” lo que implica, según Juvencio que siempre estén un paso atrás. “Es complicado, porque en el campo hablan español, entonces se ven en la obligación de aprenderlo primero antes que el inglés”.

Pérdida de costumbres
Las costumbres también tienden a perderse, como en el caso de María. “Tratamos de comer comida mexicana, pero es difícil, los muchachos para no sentirse discriminados dejan a una lado hasta la comida. No celebramos fechas especiales excepto el Día de Muertos. Las costumbres se pierden”.

Para la familia de María las dificultades que no cesan, su hijo mayor, Ángel, terminó con honores la escuela preparatoria y está listo para ir a la universidad pero su estado migratorio se lo impide. “Le hemos preguntado si quiere volver a México para que estudie, pero no creo que regrese. Aunque es mexicano ha vivido la mayor parte de su vida aquí. México es una tierra desconocida”. Ahora como miles de jóvenes con futuro prometedor se dedica a realizar labores de construcción.

Comunidad que crece
Según el Censo del 2000 en Carolina del Norte vivían 4 mil 500 indígenas latinos la mayoría de Centroamérica y México, pero la experiencia de Amexcan concluye que las cifras son casi 13 mil.

La mayoría de las comunidades pertenecen a Oaxaca, Chiapas, Veracruz y algunas comunidades del Salvador y Guatemala, y aunque en su inicio llegaban hombres solos desde hace 10 años las familias completas dejan el campo mexicano.

La lucha por la supervivencia es un reto constate y doble si se compara con el de otros inmigrantes. La barrera del idioma --inglés y nativo-- la pérdida de costumbres y tradiciones y la discriminación constante hacen que María de vez en cuando se pregunte: “¿en realidad ha valido la pena?”

 

Publicado en MX Sin Fronteras 42, junio de 2007.