Historias
Adolfo Laborde Carranco
Van a ser 10 años desde que Moisés Segura partió de México, dejando a sus padres y una vida cómoda que aún extraña.
A pesar de que en ese entonces no había un ambiente antimigrante, no se había redoblado la vigilancia por la patrulla fronteriza ni existían los minuteman, su llegada a Estados Unidos estuvo marcada por el sufrimiento.
Moisés no cruzó la frontera por tierra como tantos migrantes sin documentos; él llegó al país por avión, con una visa de turista. Después de que decidiera no regresar a México, comenzó el proceso que sufren todos los migrantes que deciden quedarse: inadaptación, adaptación y añoranza.
A sus 16 años se quería comer al mundo. Se levantaba muy temprano para estar a las seis de la mañana en las oficinas de empleo temporal, donde conseguía empleos mal pagados y sin permanencia.
En casi todos los empleos que tuvo, siempre observó que por más meritos que hacía nunca se le reconocía el trabajo. El motivo era doble: ser mexicano y no tener papeles. Pero esta situación nunca le afectó, al contrario, mientras más veía las injusticias, más le echaba ganas; era una especie de combustible que alimentaba su alma.
Tras una búsqueda de un empleo digno que parecía inacabable, llegó a la compañía en la que actualmente labora. Es una multinacional que se dedica a comercializar equipo y cables de telecomunicaciones. Tiene oficinas en todo el mundo, pero a Moisés sólo le ha tocado cubrir los países de América.
No pudo asistir a su última comisión en Canadá porque se encontraba regularizando su situación migratoria; pero esto no ha afectado su desempeño laboral, a tal grado que el año pasado fue nombrado empleado del año y recientemente recibió el premio a la excelencia.
En la compañía en la que trabaja Moisés nunca antes un empleado latino había recibido estos reconocimientos; y es la primera ocasión que un empleado operativo que trabaja en la bodega recibe tal distinción.
Es probable que en EU exista más de un latino que haya sido reconocido por su trabajo, pero en esta ocasión el logro debería de ser doble. Hace aproximadamente tres años se le diagnosticó diabetes juvenil a Moisés. Ha sido difícil enfrentar la enfermedad, pero su familia es su inspiración. Su esposa, Ema, y sus dos hijos, David y Mamas, son el motor de su existencia.
Después de que el médico le diera el resultado de los estudios, una fuerza interna lo ha movido para seguir adelante con más energía y tenacidad. En la actualidad, Moisés ha logrado lo que muchos migrantes desean: una familia unida, un hogar para ofrecérselos y seguridad económica.
Sólo hay una cosa en su lista de deseos: salud. Espera tener fuerzas para continuar como hasta ahora e invita a los jóvenes migrantes a que cumplan con sus metas.
Con salud se puede hacer todo. La historia de Moisés debe ser un inventivo para todos los jóvenes migrantes que sí gozan de salud.
Publicado en MX Sin Fronteras 42, junio de 2007.