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Un programa extraescolar útil

Mayra Martínez

 

En 1989 una chicana recién doctorada en educación por la Universidad de Stanford llegó a la Universidad de California en San Diego (UCSD), con la idea de desarrollar un programa educativo que potenciara el desarrollo académico de los niños y las familias residentes en comunidades latinas de bajos recursos. Más de 17 años después, los resultados de un estudio llevado a cabo por la UCSD han revelado la importante influencia de este programa en aquellos niños y familias que participaron en el programa, denominado La Clase Mágica.

El programa extraescolar que Olga Vásquez desarrollara años atrás en la pequeña misión católica de San Leo, se ha extendido a las comunidades de migrantes de North County y South Bay en el condado de San Diego. En éstas, dos veces a la semana, estudiantes de la UCSD proveen a padres y niños acceso a tecnología y a recursos educativos en un entorno bilingüe y multicultural.

En sus visitas, los estudiantes asisten a niños de preescolar en el manejo de computadoras y programas destinados a desarrollar sus capacidades en materias como lectura, escritura, matemáticas, colores, etcétera.

Mientras los niños aprenden jugando, los padres, con los mismos recursos tecnológicos, se forman en el uso de las computadoras y se involucran en el desarrollo escolar de sus hijos, en un programa que pretende abrir las puertas a un nuevo futuro para la comunidad.

La Clase Mágica ha tenido siempre el carácter de una acción social. “El cometido final de este programa extraescolar es impactar favorablemente en el desarrollo académico, social y económico de los latinos con el fin de promover el avance de la comunidad y su mayor integración en la sociedad estadunidense”, declaró Olga Vázquez.

En un estudio hecho por investigadores de la UCSD que acaba de ser presentado en la Conferencia Internacional sobre Educación, celebrada en Chicago, revela el impacto positivo que, sin lugar a dudas, La Clase Mágica ha supuesto para la comunidad latina en San Diego.

El estudio sobre el progreso de niños, padres y estudiantes universitarios, entrevistados años después de su paso por la Clase Mágica, ha evidenciado resultados verdaderamente alentadores. Entre ellos cabe mencionar un mayor éxito académico de los jóvenes latinos, la ampliación de las oportunidades de trabajo de muchos de los padres que trabajaron coordinando algunos de los centros, y un reconocimiento tácito por aparte de los estudiantes universitarios de los retos y las desigualdades a los que las comunidades de migrantes deben enfrentarse en Estados Unidos.

De los entrevistados, más de 90 por ciento de aquellos en edad de ir a la universidad realizan actualmente estudios universitarios o ya los han finalizado. A partir de sus respuestas y comentarios se ha podido concluir que fue el contacto y la relación con estudiantes de la universidad lo que les hizo abrir sus miras hacia una educación superior.

Juan Gómez, quien participó en el programa a los 10 años de edad, y que ahora, a los 25 años, ostenta un diploma universitario en Negocios, admite la importancia que tuvo su contacto con los universitarios de UCSD para su futuro académico. “Siempre traían a alguien que te intentaba influir positivamente. Yo miraba a los estudiantes de la universidad como modelos. Quería llegar a ser como ellos.”

Esta relación directa y personal con los estudiantes de UCSD, así como la posibilidad de utilizar su idioma y los signos de la cultura mexicana ha sido clave para ayudar a estos jóvenes a superar las dificultades de expresarse en entornos ajenos a su cultura de origen, pero sin tener que renunciar nunca a su identidad cultural. Claudia Leal quien participó en el programa cuando era apenas una niña, ahora, más de ocho años después, reconoce el efecto que la Clase Mágica produjo en fortalecer su confianza para comunicarse en entornos profesionales. “Lo mejor del programa es la confianza que te da para expresarte en público y frente a los demás”.

La Clase Mágica ha mostrado también un tremendo potencial para paliar la falta de recursos tecnológicos en comunidades migrantes. 90 por ciento de los padres entrevistados, que trabajaron como coordinadores en algunos de los centros, desarrollan actualmente --gracias a sus nuevas habilidades en el uso de las computadoras y al aprendizaje del idioma inglés-- trabajos más calificados y mejor retribuidos. Para María Victoria García, de 48 años de edad, La Clase Mágica representa todo un salto en el terreno laboral y personal. “Yo trabajaba limpiando casas, ganaba bien pero me cansaba mucho. Ahora estoy mucho más contenta con mi trabajo. Me fascina la idea de trabajar con niños. La Clase Mágica me animó a ir a la escuela, terminar mis estudios. He aprendido a entender a los niños. Me ha ayudado en todos los sentidos, La Clase Mágica es maravillosa”.

Además La Clase Mágica ha servido para promocionar la necesidad de trabajar por conseguir un mejor futuro para la comunidad. De acuerdo con los datos del estudio, los participantes reconocen mejor la importancia de apoyar a la comunidad, y de sus declaraciones se desprende que han desarrollando un sentido de auto-eficacia y competencia que les ayuda a preocuparse más por mejorar su situación social. Los participantes en el programa reconocen disponer de capacidades para influir en los problemas sociales locales, lo que también puede verse reflejado en la alta cantidad de personas que toman parte en asociaciones o actividades de voluntariado en favor de la comunidad.

En cuanto a los estudiantes universitarios que participaron en el programa, La Clase Mágica ha servido para concientizarlos sobre una nueva realidad. Como consecuencia de su experiencia directa con las dificultades de la comunidad latina en San Diego, muchos han desarrollado nuevos intereses en cuestiones sociales relacionadas con esta minoría de migrantes.

Los resultados del estudio indican que más de 80 por ciento de los estudiantes que un día participaron en La Clase Mágica, actualmente tienen interés por el campo de la educación y pretenden dedicarse a ello con la esperanza de provocar el cambio social que las minorías desfavorecidas necesitan en EU. De hecho, casi la mitad de los entrevistados trabajan en escuelas de bajos recursos en barrios desfavorecidos del país. Para David Franke, de 37 años, profesor en una escuela en los Ángeles, La Clase Mágica ha supuesto una gran influencia: “Me ha ayudado aprender sobre el necesario entendimiento entre culturas. Ha sido una de las experiencias mas enriquecedoras de mi vida”.

Cabe, por ultimo, destacar el impacto que el programa ha supuesto para dos de las participantes provenientes de España e Italia, quienes después de su paso por el programa planean adaptarlo a la realidad social de sus respectivos países, implantando variantes de La Clase Mágica en Europa.

 

Publicado en MX Sin Fronteras 42, junio de 2007.