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En el desierto

Tucson contra la militarización
de la frontera

Florencio I. Zaragoza

 

El 1 de mayo, en Tucson, miles de manifestantes se pronunciaron en contra de la iniciativa STRIVE Act, sobre la militarización fronteriza y contra las crecientes redadas y la muerte de migrantes al cruzar la frontera. Se manifestaron también a favor de una reforma migratoria integral, ética y expedita para todos los migrantes indocumentados en EU; por el respeto a sus derechos humanos, sociales y laborales; y por una pronta reunificación familiar.

De acuerdo con el Consejo Nacional de Población de México, 90 por ciento de los migrantes nacidos en ese país radican en California, Texas, Illinois y Arizona. Resulta lógico que ante las agudas expresiones xenófobas y racistas existentes en Arizona, la reacción de los activistas en torno a las agresivas políticas migratorias sea más intensa que en otros estados.

Si en otros estados la militarización se ve como algo lejano, en los estados fronterizos es algo cotidiano que cada año adquiere más fuerza. Así, resulta exagerado exhibir como extremistas a los sectores progresistas de Arizona por oponerse a la militarización, a que las fuerzas policíacas sigan aumentando en la región y a que el departamento de Seguridad Interna otorgue la certificación del control fronterizo.

De hecho, de aprobarse la iniciativa, la militarización de la frontera sur llegaría a niveles no conocidos hasta hoy. Por ello, los afectados sólo responden a su realidad y trabajan para que no sea la realidad de todos en el futuro.

En el sur de Arizona la militarización es una vivencia, no sólo un concepto. Es muy raro que los grupos de activistas en cuestiones migratorias y de derechos humanos estén de acuerdo, sin embargo la STRIVE Act los ha unido.

En cambio, la mayoría de los medios en inglés apoyan la iniciativa. Cayeron en la trampa de la militarización como solución. Posponer una reforma migratoria práctica y humana que otorgue beneficios en las áreas de la regularización, de la justicia social, del desarrollo económico y de la reintegración familiar, es abrir la puerta a más delincuencia en ambos lados de la frontera.

Si no existe un camino legal, ¿cómo se van a reencontrar los migrantes con sus familias? Usando los servicios del traficante de mujeres y niños. ¿Cómo van a satisfacer los empleadores sus necesidades laborales? Utilizando los servicios del traficante de trabajadores. ¿Cómo van a ingresar a Estados Unidos quienes buscan mejores oportunidades? Utilizando los servicios del traficante.

¿Es la falta o el exceso de migra lo que determina el flujo migratorio? La experiencia histórica dice que no. De allí que no tenga sentido recurrir a la militarización como uno de los pilares de la reforma migratoria.

Si no se atienden las causas en el país de origen y las necesidades de mano de obra en el país de destino de manera creativa y realista, las políticas militaristas no funcionarán, por más intimidantes que sean. Y el pretendido sello fronterizo seguirá siendo un lejano proyecto.

 

Publicado en MX Sin Fronteras 42, junio de 2007.